Ninguna autoridad central que lo bendiga todo desde arriba. Empieza ya con tu historia, y lo que un maestro confirma queda verificado. El valor de tu budopass crece un sello a la vez.
Los grados que ya tienes los declaras tú — incluso desde la foto de tu vieja libreta de papel. Son tuyos al instante, con la marca «declarado»: honesto sobre lo que aún falta confirmar.
declaradoTu dojo ratifica lo que te vio conseguir. El registro se convierte en una acreditación verificable, con el nombre del examinador y el tribunal.
ratificadoNuevos exámenes, seminarios, asistencias: el budopass se llena solo. Y sigue siendo tuyo elijas el dojo que elijas, hoy y mañana.
Budopass es tuyo: empiezas de inmediato, declarando tus grados y tus eventos. Pero seamos honestos: algunas cosas solo cobran vida cuando tu entidad — dojo, asociación o federación — está en Budopass.
Siempre te registras como practicante. Dirigir un dojo no es otro tipo de cuenta: es un rol que se gana con una aprobación, y vale solo ahí.
Una cuenta, como todos. Naces alumno — la puerta es la misma para cualquiera.
El maestro acepta tu afiliación: ahí eres alumno suyo, con afiliación y grados.
La plataforma aprueba tu solicitud: en ese dojo, y solo ahí, eres gestor.
Así la misma persona practica donde entrena y gestiona donde guía — dos aprobaciones independientes, un solo Budopass.
Tuyo. Cambias de dojo, de ciudad o de disciplina y te sigue: ningún dojo te lo puede quitar ni borrar.
Lo mínimo indispensable para el budopass. Nada que no tenga que ver con el tatami: si no hace falta, no lo pedimos.
Porque queda registrado y es inmutable, con el nombre del examinador. Y lo que solo está declarado lo dice abiertamente — aquí no se infla nada.
Para el check-in sí, pero es cuestión de segundos: enfocas el QR y escribes el código. El resto del budopass lo consultas cuando quieras.